Gerantofobia: miedo a envejecer


Cada mañana, después de levantarse, ella se presta para el ritual del que ha estado presa hace varios meses; verse al espejo con mayor atención y considerar como su piel se ha ido transformando. Nota cada vez y con mayor facilidad, cómo es ahora la textura de su piel, cada nueva arruga que aparece o, las nuevas formas que toman las que ya habían aparecido, y para su infortunio, parece que cada día emerge un nuevo cabello blanco en su cabeza.

Así son las mañanas de Mary. Una mujer de un poco más de cuarenta años, quien cada día, ve con asombro que su vida va rumbo al envejecimiento y junto con esa percepción, aparecen pensamientos asociados con lo que podría llegar a ser su vejez.

Mary, considera que envejecer trae consigo la posibilidad de soportar una grave enfermedad, depender de otros en uno o varios aspectos de la vida o, sencillamente, no poder realizar lo que siempre ha hecho. En esta condición, algunos síntomas han aparecido, se despierta ocasionalmente en las noches, su presión arterial ha disminuido, en ocasiones siente taquicardia, opresión en el pecho; también se ha sentido algo desorientada y olvidadiza.

Nos encontramos aquí con la Gerantofobia o miedo a envejecer. Toda fobia, es un miedo irracional que afecta el bienestar de la persona. Las fobias hacen parte de los trastornos de ansiedad, así que sus síntomas, como en toda fobia, son síntomas ansiosos. La ansiedad es la respuesta psicofísica que se origina por la aceptación anticipada de ideas, pensamientos e imágenes asociadas a un futuro que se considera amenazante. En la Gerantofobia, la vejez es percibida como una amenaza a las condiciones de bienestar físico, afectivo, económico, entre otras; amenazas posibles, que por supuesto pueden convertirse en amenazas reales.

La edad de aparición generalmente es en el inicio de la cuarta década de vida, pero en algunos casos se presenta antes, en los treinta.

Son varias las posibles causas que se argumentan para explicar este tipo de fobia. Algunos consideran que los estereotipos sociales asociados a la vejez como la enfermedad y/o la soledad, precipitan en algunas personas el miedo a envejecer. Otros, han vivido su vida rendidos a la inseguridad personal, llenos de miedo a muchas cosas, miedo a amar, a perder y hasta miedo a triunfar, así que, para estas personas, el miedo a envejecer es uno más en su lista. Sin embargo, lo anterior, no son realmente causas, son solo condiciones; es importante aclarar esa diferencia.

Si en este momento usted se encuentra sentado leyendo este artículo, no podría decir que la causa de ello es porque sus rodillas están flexionadas y sus tendones un poco relajados; no es esa la causa, esa es una condición (elegida en este caso) para leer algo que despertó su interés. Aquello que despertó su interés es la causa por la cual está sentado. Pondré otro ejemplo; una persona espera en la estación el próximo bus o metro que le llevará a su destino, pero para su infortunio, hay un atraso en la frecuencia de las rutas; ésta persona desespera por la circunstancia, se enoja con el sistema de transporte por su ineficacia, luego se enoja consigo mismo, su cuerpo está tensionado, rígido; su estómago se aprieta y sus manos se empuñan queriendo golpear algo; ¿cuál es la causa de su enojo? Con facilidad se diría que la causa de su enojo es la ineficiencia del transporte; pero esta no es la causa, es solamente una condición (no elegida en este caso) la causa está vinculada a su cosmovisión de la vida, a que las cosas “deberían” ser de cierto modo, a que los planes deben darse tal cual, y ello, si es una elección personal.

De igual manera, considerar los estereotipos sociales o las posibles circunstancias físicas, afectivas o socioeconómicas de la vejez como las causas de la Gerantofobia es totalmente desacertado. Por supuesto que son condiciones, del presente y posibles en el futuro, pero son condiciones, no causas.

Las causas de esta fobia son principalmente de tipo existencial. Kierkegaard, quien es considerado el padre de la filosofía existencial, consideraba la angustia como un fenómeno normal de la vida, es más, proponía que era un fenómeno necesario en la vida, un fenómeno humano que moviliza al ser para la acción. Sin embargo, para este filósofo, el problema no era que el ser humano se angustiara, el problema radica en el cómo se angustia.

Un primer aspecto que incide de manera fundamental en el cómo de la angustia, es la manera como se asume la incertidumbre de la existencia. En el existir de toda persona, lo único cierto es lo incierto; ningún ser humano puede, por más que lo quiera y lo intente, garantizar el bienestar de su vejez. Esto no quiere decir, que al tener la vida un carácter incierto no se realicen acciones pro-activas tendientes a mejorar las condiciones de vida en la vejez. Lo que quiere decir, es que, junto a las acciones pro activas, el ser humano debe abrazar la incertidumbre como una situación propia de la existencia.

Un segundo aspecto se relaciona con el sentido de la muerte. Para el psiquiatra Viktor Frankl, creador de la Logoterapia o tercera escuela psicológica de Viena, la muerte, como consecuencia obvia y final del envejecimiento, no puede anular o menoscabar el sentido de la vida, y se pregunta “¿qué ocurriría si nuestra vida no fuese finita en el tiempo, sino temporalmente ilimitada? Si el hombre fuese inmortal, podría con razón demorar cada uno de sus actos hasta el infinito”[1] es decir, seguramente viviríamos en un constante procrastinar. Pero la vejez, y la muerte como su consecuencia final, nos obligan a aprovechar cada instante de la vida y de llenarla de contenido significativo; de modo, que la finitud no solo es una característica de la vida, sino, además, como lo indica Frankl, un factor constitutivo del sentido mismo de la vida.

Un tercer aspecto se relaciona con la posibilidad de terminar o no, la obra de la propia vida. A cada uno, la vida le otorga por una única vez la posibilidad de ser, cada uno es el escultor de su propia existencia, y al acercarse la vejez, aparece el cuestionamiento sobre el avance de la obra en la propia vida o, el mismo hecho de no haber esculpido ninguna. Sin embargo, es posible que la vida no alcance para terminar la obra que la persona se propuso, en esa situación, lo hecho hasta el momento no pierde su sentido; en este orden de ideas, Frankl, señala, “no es la duración de una vida humana en el tiempo lo que determina la plenitud de su sentido (…) son muchas las sinfonías “incompletas” que figuran entre las más bellas”, es decir, concluir la obra no es tan importante como el valor que ella misma posee per se, o en otras palabras, lo importante no es la longitud de la vida sino la profundidad con que fue vivida.

Un cuarto factor se relaciona con el sentido en la vida. No hago referencia al sentido “de” la vida, el cual se vincula con lo expuesto en los párrafos anteriores cuando hice referencia al sentido de la muerte. Hago referencia aquí, al sentido “en” la vida, al sentido que se puede descubrir en el acontecer diario, en lo cotidiano, al disfrute de lo simple y de lo complejo, al dotar de sentido la fortuna o el infortunio, al vivir en el aquí y en al ahora, en el sentido del tiempo presente y de sus circunstancias. La persona que posee una mayor percepción cognitiva y emotiva de valores que lo invitan a una determinada acción, en un determinado momento de su vida, percibe mayor sentido “en” su vida y asumen el futuro (y con ello la vejez), como el próximo presente que también podrá dotar de sentido.

Y, ¿Cómo ayudar a una persona que enfrenta con miedo la realidad del envejecimiento? Debo decir que lo recomendable para su salud psicofísica es buscar la ayuda profesional. Sin embargo, para quienes no pueden hacerlo o, para los que aún piensan que ir a terapia es para “locos”, comparto las siguientes recomendaciones, que por supuesto, no son la únicas.

1. Confíe en la mejor posibilidad. Dije anteriormente, que la vida tiene un carácter incierto, no sabemos lo que va a acontecer. Es posible que todo lo fatal que usted supone será su futuro, realmente lo será, incluso, puede llegar a ser más fatal de lo que imagina; pero también es posible que no lo sea y que su vejez sea francamente envidiable, esta es una posibilidad en la que puede elegir confiar. Recuerde, lo único cierto es lo incierto.

2. Realice acciones proactivas. Envejecer trae consigo varias condiciones. La salud física se deteriora progresivamente, algunas funciones cognitivas pueden disminuir, algunas habilidades físicas o mentales no serán iguales que en la juventud o edad adulta y podrían afectar el rendimiento laboral y las actividades sociales o de esparcimiento. Así que, adelántese a las posibilidades; comience a crear hábitos saludables de vida, haga ejercicio físico, aliméntese de manera sana, lea con regularidad. Si es posible, adquiera seguros o genere ideas que permitan buenas condiciones económicas para el futuro.

3. Acepte el ciclo de la vida. La vida tiene ciclos y cada uno de ellos tiene sus virtudes y sus complejidades, y envejecer, al igual que nacer y crecer, son etapas de la existencia humana. Así que valore lo ya vivido, pero también aprenda a disfrutar del tiempo presente y de las condiciones que le rodean.

4. Construya relaciones significativas. Una de las conclusiones de un estudio realizado en la Universidad de Harvard, dirigido por el doctor Robert Waldinger, afirma que, las personas que construyeron relaciones sólidas envejecieron más felices y saludables que las que hicieron ejercicio o cuidaron su alimentación. Construir relaciones significativas aumenta la posibilidad durante la vejez de sentirse acompañado en el mundo, lo que posibilita asumir las circunstancias propias de la época con una actitud adecuada.

5. Disfrute su presente. Sin duda, la vejez es una etapa que llegará a cada persona. Piense en ello o no, le tema o no, será una realidad para la gran mayoría. Así que, disfrute su trabajo y el aporte que puede hacer a través de él a la comunidad; disfrute su familia, viva experiencias únicas con su pareja y comparta tiempo de calidad con sus hijos; disfrute lo que come, sienta el sabor de cada ingrediente del plato; disfrute lo que más pueda de todo aquello que la naturaleza tiene para brindarle, el agua, el aire, los árboles, las flores, los animales, las playas, los desiertos, los acantilados, las montañas, etc. disfrute el arte en todas sus expresiones, la pintura, la escultura, la música, el canto, el baile; disfrute de espacios y actividades con amigos; disfrute viajar, leer, conocer otras culturas y cosmovisiones, en fin, disfrute la vida, solo tiene una.

6. Atesore experiencias. En línea con lo anterior, lo que queda es la vida vivida. En algunas sociedades, los agricultores, en el verano, atesoran en graneros lo que comerán en el invierno. Aprovecha el "verano" de tu vida y vívela con pasión, llena tu “granero” de muchas experiencias, de recuerdos que nadie podrá quitar y que generaran una sensación de emoción por la vida vivida.

7. No viva endeudado con usted mismo. Cada persona es única, su vida es única, sus circunstancias son únicas, sus obstáculos son únicos, sus posibilidades son únicas, su envejecer es único y hasta la muerte es única. Lo mismo sucede con el sentido de su vida, es único, es singular. La principal tarea que cada ser humano tiene es la de descubrir y satisfacer el sentido de su vida, llenarla de contenido valioso. Frankl, proponía: “(…) haga de vez en cuando, como si, en el ocaso de su vida, estuviera hojeando su propia biografía, abriéndola precisamente por el capítulo en el que se narra su presente; y como si, por obra de un milagro, tuviese la posibilidad de decidir en cuanto al contenido del capítulo siguiente, y dentro de su poder, introducir todavía correcciones en un capitulo decisivo de su historia interior, aún no escrita” Las decisiones de la vida deben estar orientadas por el sentido de la misma, cuando es así, aunque sean dolorosas, esas decisiones serán coherentes con lo que eligió ser mediante su hacer. Para muchos, el miedo a envejecer y aun, el miedo a morir, no es otra cosa, que envejecer o morir sin haber consumado el sentido de sus vidas.

[1] Frankl, Viktor. Psicoanálisis y existencialismo, de la psicoterapia a la logoterapia. Fondo de cultura económica. Segunda edición en español, decimocuarta reimpresión. México, D.F. 2012.

Wilmer Palomares Potes

Magister en psicología.

Pscoterapeuta y docente

Director del Instituto LOGOS


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