El vacío lleno


Bien decía Pascal -El corazón tiene razones que la razón no entiende-

Seguramente, has tenido esa incomoda sensación de no saber que hacer o como decidir cuando sientes que lo que quieres hacer va en sentido opuesto a lo que te toca hacer. Es como si la razón señalara hacia un destino y el corazón hacia otro diferente.

El psiquiatra Viktor Frankl, creador de la logoterapia, propuso el concepto Voluntad de sentido para referirse al aspecto motivacional específicamente humano, el sentido. Con ello quiso señalar que el ser humano era un buscador, pero específicamente, un buscado de sentido. Y en general, el corazón tiende a inclinarse hacia el lado de aquello que más sentido otorga a la persona.

El corazón capta la "señal" de aquello que brinda sentido a la persona. Esa señal genera una resonancia afectiva, genera un eco que le llama, que le invita a ir hacia aquello que da sentido. El sentido atrae y la persona va motivada hacia él. Pero, aquello que no da sentido, aquello que toca hacer, sencillamente empuja, obliga, somete.

Cuando la persona decide acallar la resonancia afectiva de aquella señal, cuando no se permite ser atraído por aquello que le llama, y, por el contrario, se somete a otras voces externas, termina en una de dos esclavitudes existenciales que el doctor Frankl denominó totalitarismo y conformismo. La primera, hace referencia al modo de existir donde la persona hace lo que otros quieren; y la segunda, hace referencia al modo de existir donde la persona quiere lo que otros hacen. Ambos modos de existencia ingresan a la persona al angustiante mundo del vacío lleno.

El vacío lleno, es un vacío lleno de "cosas por hacer" de "personas con las que hay que estar” de “metas por alcanzar” de “listas por ejecutar” de “ideas por creer”, es una existencia centrada en agradar a los demás, en tener cosas, en comprar cosas, en consumir cosas y hasta personas. Ese es el vacío lleno, una vida llena de personas, cosas o tareas con poco o nulo significado personal, con las que el ser humano no se siente conectado.

Esta desconexión o esta falta de sentido, no demorará en generar malestar. La persona sumida en el vacío lleno reirá afuera pero no adentro, los demás le verán feliz, pero a sí mismo no se percibe así. Las horas en el trabajo se hacen largas, incluso, llegar al trabajo y permanecer ahí, generan dolores de cabeza. Aquellos logros que los demás alaban ya no se sienten tan significativos. Sentirá que la satisfacción de lo que hace dura poco, como un suspiro. Y en esa desconexión vital, hasta el cuerpo se transforma y aparece la enfermedad como resultado y como mensaje de que algo debe cambiar.

En esos momentos de la vida, algo dentro de sí grita con gran fuerza. Es el gemido del ser mismo que invita a revisar el propio modo de existencia, es un grito que asusta, pero, totalmente necesario. Cuando la persona atiende ese llamado, sentirá que su corazón es atraído por lo singularmente valioso, por lo que le es propio, y en ese ser atraído emerge el compromiso, el compromiso con la vida, con el amor, con el trabajo, con los proyectos, etc. Sin atracción no hay sentido y sin sentido no hay compromiso con nada, el corazón no está ahi, todo se hace porque "toca". Vivir atraído por lo valioso es vivir conectado con la vida. Es amar la vida. Es caminar, aunque haya cansancio. Es perseverar, aunque las cosas no salgan bien. Es comprometerse voluntaria y apasionadamente con la vida.

Es por eso por lo que Pascal estaba en lo cierto, el corazón tiene razones que la razón no entiende.

Wilmer Palomares Potes

Psicólogo.

Magister en psicología.

Pscoterapeuta y docente

Director del Instituto LOGOS


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