Exceso de pasado, de presente y de futuro


Quiéralo o no, la persona es siempre un ser en relación. Pero, no sólo es un ser en relaciones interpersonales, es un ser en relación con lo otro. Desde su concepción, pasando por el parto y las primeras experiencias con personas, cosas y situaciones, la persona es un ser en relación.


La persona se relaciona entonces con su entorno ambiental, social y cultural, se relaciona con las circunstancias que están fuera de su control, se relaciona con aquello que considera éxito o fracaso, se relaciona con la vida y con la muerte, se relaciona con las cosas reales y con sus fantasías. Pero, además, se relaciona con el tiempo, con su pasado, presente y futuro.

En ese relacionar en el que consiste la existencia humana, el asunto importante no es el qué sino el cómo, es decir, más importante que el “con qué se relaciona”, es el “cómo se relaciona”. En ese sentido, podemos considerar cómo se relaciona la persona humana con el tiempo.

Agustín de Hipona afirmaba que el único tiempo era el presente y que ese presente era un “presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras”. Con esta frase, el erudito teólogo católico propone que la persona permanece en una constante relación con el tiempo.

En ese orden de ideas, lo importante es “cómo se relaciona” la persona con su pasado, su presente y su futuro, y como un sello característico de nuestra sociedad actual son los excesos, muchos se relacionan así con el tiempo, es decir, muchos viven sus vidas con exceso de pasado, con exceso de presente o con exceso de futuro.

Exceso de pasado

Quienes viven con exceso de pasado son todas aquellas personas que se caracterizan por asumir su pasado como un determinante de su presente; estas personas suelen usar frases como:

  • Yo soy así porque de niño...

  • Si eso no hubiera ocurrido, hoy las cosas serían diferentes.

  • Es un miedo que siempre he tenido.

Por supuesto, no se puede negar el impacto de una experiencia vivida, pues como lo mencioné anteriormente, somos seres en relación y nos relacionamos con aquellas experiencias del pasado, dichas experiencias condicionan la cosmovisión, la salud, la autoestima y otras áreas, pero no determinan la postura personal de hoy ante ellas. El exceso de pasado limita a la persona, ata las “alas” que le permitirían volar, hace mantenimiento a los miedos, nubla la visión ante las posibilidades y neutraliza la responsabilidad del ser ante su propia existencia, ubicándolo en una posición de víctima ante la vida, donde no está implicado en su acontecer; a esa persona solo le “suceden” cosas y “no puede” dar una respuesta ante ello. El exceso de pasado no es otra cosa que una existencia mal lograda.

Exceso de presente

También están las personas que viven con exceso de presente, aquellas para quienes no hay nada qué aprender o sobreponer del pasado y para quienes el futuro, es una mera ilusión. Estas personas que viven en un absoluto presentismo, se caracterizan por despreciar las posibilidades que trae consigo el mañana. Algunas frases que suelen usar son:

  • Comamos y bebamos que mañana moriremos.

  • Vive y disfruta hoy, el mañana no existe.

  • Lo único que hay que resolver son los problemas de hoy, los de mañana ya veremos.

Si bien, y como lo abordaremos seguidamente, no podemos vivir saludablemente con un exceso de futuro que nos agobie el presente, sin embargo, los presentistas solo se ocupan del hoy, de lo “real”. Esa manera de relacionarse con el presente hace que un presentista se caracterice por no construir. No construye relaciones significativas porque todo “depende” de lo que suceda hoy, no construye sueños porque el futuro es incierto; no construye bienestar corporal porque de algo se tiene que morir; no construye seguridad económica porque nadie sabe cómo estarán las cosas mañana; y aunque sus argumentos sean ciertos, el presentista no comprende que el futuro es a la vez, posibilidad y la posibilidad siempre tendrá un espacio para el cambio, para el mejoramiento y para la acción inteligente de poder, en alguna medida, adelantarse a las situaciones futuras. El exceso de presente no es otra cosa que la negación de la posibilidad.

Exceso de futuro

Por otro lado, están aquellos que viven con un exceso de futuro, aquellos para quienes el reloj de la existencia solo marca el mañana y sufren hoy lo que aún no es “real”. Estas personas se caracterizan por una excesiva orientación al mañana, muchas veces causada por la manera en que se relacionan con situaciones de su pasado, además, tienen grandes dificultades para disfrutar o asumir el momento presente. Algunas frases que suelen decir de manera recurrente aquellos que viven con exceso de futuro son:

  • Y qué tal que…

  • Hay que estar preparados para…

  • ¿Y si las cosas no se dan?

Por su supuesto, las frases anteriores también pueden ser pronunciadas por una persona sin exceso de futuro, sin embargo, en las personas con exceso de futuro, estas frases son repetitivas en la mayoría de sus contextos. Si bien el ser humano, se distingue por su orientación hacia el futuro y ello puede llegar a ser su salvación en su tiempo presente, dotando su vida de sentido, el exceso de futuro genera una tensión agobiante al presente, pretendiendo controlar la vida de manera absurda. En muchas personas, el exceso de futuro los inunda de miedo y con ello se manifestarán estados ansiosos; en otros, el exceso de futuro hará que sus ojos solo estén puestos en la meta, perdiendo de esa manera la posibilidad de Ser en el proceso hacia ella. El exceso de futuro no es otra cosa que el deseo obstinado de darle certeza a lo incierto.

No podemos dejar de relacionarnos con el tiempo, existir implica siempre esa relación; lo que sí podemos hacer es reflexionar y cuestionar el cómo nos estamos relacionando con el pasado, el presente y el futuro, y como con muchas cosas importantes que hacen parte de vivir de manera saludable, relacionarnos con el tiempo sin excesos.

Wilmer Palomares Potes

Magister en psicología.

Pscoterapeuta y docente

Director del Instituto LOGOS


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